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Campaña RURALee: Un libro, una acción: leer para transformar el territorio

La lectura puede ser un punto de partida para el cambio. Desde esa convicción nace Un libro, una acción, la campaña desarrollada dentro del proyecto RuraLee: Letras para la sostenibilidad rural, que propone vincular la experiencia lectora con la acción concreta en las comunidades rurales.

El objetivo es sencillo y, a la vez, profundamente transformador: demostrar que los libros no solo inspiran reflexión, sino que también pueden generar participación, conciencia y diálogo en los territorios. A través de una selección de obras contemporáneas, la campaña ha ofrecido a las personas lectoras del medio rural la oportunidad de mirar su entorno con otros ojos y de convertir la palabra en compromiso.

En La España vaciada, de Sergio del Molino, se plantea una mirada crítica y sensible sobre los procesos de despoblación. La acción asociada animaba a escuchar a quienes han vivido en primera persona la transformación de los pueblos, rescatando así una memoria viva que ayuda a entender los desafíos del presente.

Con Atlas de la España imaginaria, de Julio Llamazares, la campaña propuso una ruta fotográfica por espacios abandonados o poco conocidos, invitando a las personas participantes a registrar, desde la emoción y la mirada personal, aquellos paisajes que el tiempo parece haber dejado atrás.

Feria, de Ana Iris Simón, sirvió como punto de encuentro con las raíces y la identidad. La acción propuesta consistía en escribir una carta —real o simbólica— a los abuelos y abuelas o a la propia infancia rural, abriendo un espacio de diálogo intergeneracional sobre la memoria, la herencia y el sentido de pertenencia.

Por último, La nostalgia de la mujer anfibio, de Cristina Sánchez-Andrade, puso el foco en las mujeres rurales, en su papel en la vida comunitaria y en la transmisión cultural. La acción invitaba a recoger y compartir relatos de mujeres del entorno, reconociendo sus voces como parte esencial del patrimonio inmaterial de los pueblos.

Un libro, una acción ha sido una invitación a leer con propósito, a comprender que la literatura puede ser una herramienta para fortalecer la identidad rural, generar conciencia colectiva y fomentar la sostenibilidad cultural y social de los territorios.

El proyecto RuraLee continúa así su labor de conectar la lectura con el empoderamiento y la sostenibilidad, demostrando que las palabras, cuando se comparten y se viven, pueden convertirse en acciones capaces de transformar realidades.

Un libro, una acción: leer para transformar el territorio

La lectura puede ser un punto de partida para el cambio. Desde esa convicción nace Un libro, una acción, la campaña desarrollada dentro del proyecto RuraLee: Letras para la sostenibilidad rural, que propone vincular la experiencia lectora con la acción concreta en las comunidades rurales.

El objetivo es sencillo y, a la vez, profundamente transformador: demostrar que los libros no solo inspiran reflexión, sino que también pueden generar participación, conciencia y diálogo en los territorios. A través de una selección de obras contemporáneas, la campaña ha ofrecido a las personas lectoras del medio rural la oportunidad de mirar su entorno con otros ojos y de convertir la palabra en compromiso.

En La España vaciada, de Sergio del Molino, se plantea una mirada crítica y sensible sobre los procesos de despoblación. La acción asociada animaba a escuchar a quienes han vivido en primera persona la transformación de los pueblos, rescatando así una memoria viva que ayuda a entender los desafíos del presente.

Con Diccionario de lugares que no existen, de Julio Llamazares, la campaña propuso una ruta fotográfica por espacios abandonados o poco conocidos, invitando a las personas participantes a registrar, desde la emoción y la mirada personal, aquellos paisajes que el tiempo parece haber dejado atrás.

Feria, de Ana Iris Simón, sirvió como punto de encuentro con las raíces y la identidad. La acción propuesta consistía en escribir una carta —real o simbólica— a los abuelos y abuelas o a la propia infancia rural, abriendo un espacio de diálogo intergeneracional sobre la memoria, la herencia y el sentido de pertenencia.

Por último, La nostalgia de la mujer anfibio, de Cristina Sánchez-Andrade, puso el foco en las mujeres rurales, en su papel en la vida comunitaria y en la transmisión cultural. La acción invitaba a recoger y compartir relatos de mujeres del entorno, reconociendo sus voces como parte esencial del patrimonio inmaterial de los pueblos.

Un libro, una acción ha sido una invitación a leer con propósito, a comprender que la literatura puede ser una herramienta para fortalecer la identidad rural, generar conciencia colectiva y fomentar la sostenibilidad cultural y social de los territorios.

El proyecto RuraLee continúa así su labor de conectar la lectura con el empoderamiento y la sostenibilidad, demostrando que las palabras, cuando se comparten y se viven, pueden convertirse en acciones capaces de transformar realidades.

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